jueves, 21 de agosto de 2008

Revista Fénix: Núm 5, La cuesión nacional y la defensa del petróleo

domingo, 2 de marzo de 2008

Círculo de estudio: primera sesión



Descarga el programa en la parte de abajo.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Programa Círculo: 2008-2

Círculo de lectura de marxismo de la FES Acatlán
“Teoría para la acción”

Del miércoles 20 de Febrero al miércoles 14 de Mayo. 1:45 p.m. (12 sesiones). Salón A-525-A


Dinámica general de las sesiones
• En cada sesión se entregará el juego de copias que se leerá durante la semana para discutir en la sesión siguiente.
• Habrá relatorías de cada sesión escritas por uno de los integrantes del círculo, que después las corregirá para convertirlas en artículos para la Revista Fénix.


Programa 2008-2: Temas selectos de marxismo

1. Presentación, discusión de los objetivos del círculo y la Revista Fénix.
(1 Sesión)

2. A 160 años de la publicación del Manifiesto del partido comunista.
Bibliografía
• Marx, Karl. Manifiesto del partido comunista. Obras escogidas en dos tomos, tomo I, Editorial Progreso. Moscú 1966, Capítulo 1 y 2, pp. 19-38.
(2 Sesiones)

3. La violencia en el capitalismo
Bibliografía
• Vargas, Gabriel, “El papel de la violencia (Marx, Engels y el Marxismo)”, en Sánchez Vázquez, Adolfo, El mundo de la violencia, Editorial FCE. México 1998. pp. 341-350
• Roux, Rhina, Marx y la cuestión del despojo, Ponencia presentada en el ciclo de conferencias a 150 años de la redacción de los Grundrisse de Karl Marx.
• Rivadeo, Ana, “La violencia neoliberal”, en Sánchez Vázquez, Adolfo, El mundo de la violencia, Editorial FCE. México 1998. pp. 241-250
(2 Sesiones)

4. La situación campesina.
Bibliografía
• Luxemburgo, Rosa, La acumulación de capital, Editorial Grijalbo, México, 1967. Capítulo XXIX, pp. 305-323.
• Bartra, Armando, “Marginales, polifónicos, trashumantes: los campesinos del milenio”, en El capital en su laberinto, Editorial Itaca, México 2006, pp. 371-382.
(2 Sesiones)

5. El marxismo y la cuestión nacional.
Bibliografía
• Echeverría, Bolívar, El problema de la nación desde la “Crítica de la economía política”, en El discurso crítico de Marx, Editorial Era, México, D. F. 1986.
• Rivadeo, Ana, "Socialismo y nación", en El marxismo y la cuestión nacional, Ediciones Acatlán-UNAM, México 1994, pp. 175-195.
• Holloway, John, "Poder y antipoder", en Albertani, Claudio, Imperio y movimientos sociales en la edad global, Ediciones Universidad de la ciudad de México, México 2004, pp. 245-254.
(2 Sesiones)

6. Los medios de comunicación como medios de dominación.
Bibliografía
• Video: Las multitudes y su comportamiento, primer video de la serie The century of the self.
• Matterlart, Armand, "Los fetiches", en La comunicación masiva en el proceso de liberación, Editorial Siglo XXI, México 1973, pp. 27-37
(1 Sesión)

7. ¿Qué es ser de izquierda?
Bibliografía
• Echeverría, Bolívar, “¿Qué es la “Izquierda”?”, I Seminario Universitario “La modernidad: versiones y dimensiones”. Sesión del 8 de mayo de 2006. Texto tomado de la pág.: http://www.bolivare.unam.mx/miscelanea/izquierda.html
• Echeverría, Bolívar, “La izquierda: reforma y revolución”, versión electrónica, tomado de la pág.: http://www.bolivare.unam.mx/ensayos/izquierda.html
• Echeverría, Bolívar, “¿Ser de izquierda, hoy?”, en Vuelta de siglo, Editorial Era, México 2006.
(1 Sesión)
Descarga los textos de Bolivar en el link de abajo:
http://www.mediafire.com/?sharekey=f714a1f78d512b744012e8015643d9c8d780ef4b9f2de3d5

8. El concepto de enajenación en Marx.
Bibliografía
• Mészarós, István, "Individuo y sociedad", en La teoría de de la enajenación en Marx, editorial Era, México 1978, pp. 239-272
(1 Sesión)

Descarga el programa:
http://www.mediafire.com/?0eoxbjmfbxm

lunes, 18 de febrero de 2008

Foro de discusión: Reconstrucción de un marxismo crítico y no dogmático desde Hegel

Hola compañeros:

Los invitamos a la reunión de discusión: Reconstrucción de un marxismo crítico y no dogmático desde Hegel (marxismo-hegeliano)
El tema será desarrollado por el profesor Carlos Pérez de la Universidad de Arte y Ciencias Sociales de Santiago de Chile.
Tratando de puntualizar la relación entre las categorías que Marx retoma de Hegel, ubicando en su justa dimensión a este último, en el proceso de construcción de un pensamiento revolucionario.

Se llevará a cabo el jueves 21 de febrero en el salón A-525 a las 12hrs, en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán (FES-A). Posiblemente consigamos un auditorio, en caso de algún cambio les avisaremos por este medio.

Para los que no sepan llegar a la FES-A, de la estación cuatro caminos de la línea 2 del metro, salen unos camiones en la letra I que los deján justo en la entrada de la escuela. Estando ahí, pueden guiarse por los carteles.

Puedes descargar el texto para la discusión en el link que se encuentra abajo:
http://www.mediafire.com/?0is2myjmm01
Esperamos tu asistencia.
Saludos

viernes, 15 de febrero de 2008

Revista Fénix: Núm 4, A 90 años de la Revolución de Octubre

lunes, 26 de noviembre de 2007

Artículos Fénix: Núm 3, Cambio Climático



Editorial

La riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta como un “enorme cúmulo de mercancías”.
Carlos Marx, El capital.

Bajo los adoquines, la playa.
Pinta del mayo francés

En la actualidad, nuestra vida cotidiana es capitalismo puro, es decir, todas las relaciones sociales tienden a reproducir de una u otra forma el modo de producción capitalista.
No sólo la producción de bienes materiales es mercancía, también se convierte en mercancía todo lo que el capital puede vender, de una u otra forma se va encontrando la manera de convertir al mundo en mercancía: los animales, las plantas, el aire, el agua, los sentimientos, entre muchas otras cosas más.
Esta situación no es otra cosa que la degradación generalizada, producto de la relación social que impone el capitalismo, en donde el dinero es la expresión y restricción de la humanidad. ¡Si tienes dinero te desarrollas, si no lo tienes, no existes!
La forma de vida capitalista está llegando a un punto de verdadera crisis, la vida se encuentra al borde del colapso, no puede durar mucho tiempo. Bajo esta lógica se vuelve imperiosa la necesidad de una transformación de la sociedad. La crisis del modo de producción capitalista puede olerse por todos los poros de su cuerpo, las reacciones, por supuesto, no se han hecho esperar. Constantemente surgen más grupos que cuestionan su dominación.
Entonces, si todo —o casi todo— es mercancía, cabe esperar que el agua se privatice, que nuestros órganos se trafiquen, que a las mujeres —en pleno siglo XXI— se les considere un mero objeto de complacencia de los hombres, que la naturaleza se devaste imprudentemente, sin importar las consecuencias causadas al planeta, entre otras atrocidades.
El principal culpable de este desequilibrio en la naturaleza, es provocado por el modo de producción capitalista, que no solamente se sustenta en la explotación y apropiación del trabajo ajeno, sino que además promueve el consumo irracional de la naturaleza para obtener ganancias.
Pero como este sistema no es algo ajeno a nosotros, es decir, con nuestro accionar cotidiano contribuimos a reproducirlo, es importante entrar en un proceso de reflexión que nos permita tomar acciones, ésta es la razón por la que el nuevo número de Fénix está dedicado a discutir los desequilibrios naturales, producto del capitalismo: ¿qué pasa con el cambio climático?




Cambio climático: comunismo o barbarie

El mundo de hoy es la verdadera barbarie. La primera constatación de eso es la terrible miseria a la que ha sido condenada la humanidad: desempleos masivos, expropiaciones por parte de las grandes empresas a los pequeños campesinos; reducciones de los pagos a la jornada laboral (salario, seguridad social y educación, entre otros). Una segunda constatación sería la devastación natural que poco a poco nos obliga a usar máscaras de gas o paraguas anti-lluvia ácida, por ejemplo; la constante es un mundo cada vez más inhabitable. Y todo esto producto del sistema capitalista, que ante la crisis irremediable iniciada en los años setenta ha intentado reestructurarse, adoptando un nuevo modelo de acumulación identificado con el nombre de “neoliberalismo”. Bajo esta lógica no sólo inició una gran cruzada en contra de la clase trabajadora, sino que también se le ha declarado la guerra a todo ser viviente en el planeta.


I. Hombre-naturaleza

El hombre se clasifica dentro del reino animal, pero hay una característica que lo diferencia del resto de los animales: la razón. Esta diferencia nos permite ser conscientes de nuestras acciones, es decir, tenemos la capacidad de entender cuáles son nuestras necesidades y cómo vamos a satisfacerlas. Históricamente hemos tenido que modificar nuestro entorno para hacerlo más habitable, por lo que ha sido necesario transformar la naturaleza que, junto con nuestra capacidad transformadora (el trabajo), es la fuente de toda riqueza.
Los primeros vínculos que desarrolló el hombre con la naturaleza se presentaron de manera más o menos armónica; la humanidad en sus orígenes no tenía un dominio pleno de la naturaleza, por el contrario, gran parte de sus actos estaban determinados por ella.
Para que un grupo de hombres pudiera sobrevivir, era necesario transformar su entorno material, de donde se desprende la premisa antes mencionada de Marx y Engels: que la fuente de la riqueza social es el trabajo en conjunto con la naturaleza. El dominio sobre esta última es, como ya hemos dicho, muy reciente. Un ejemplo claro lo tenemos en las comunidades indígenas, todavía existentes en muchas partes del mundo, cuya forma de vida está ligada estrechamente con los ciclos naturales del planeta, por lo que se consideran naturaleza viva, es decir, no hay separación entre el hombre y la naturaleza: son uno mismo.
Lo que se ha entendido como “desarrollo moderno” pone en una encrucijada a todos estos grupos, ya que la mercantilización de la vida se ha extendido hasta esos espacios, rompiendo con su cosmogonía, llevándolos al extremo de morir exterminados o emprender un movimiento de resistencia, con acciones verdaderamente heroicas.


II. ¿Qué es el cambio climático?

El desarrollo acelerado de la tecnología, promovido por la sociedad mercantil y sistematizado desde el nacimiento del capitalismo, se sustenta en gran medida en un gasto de energía inmenso, por lo que se han buscado fuentes generadoras de la misma, tales como: las caídas naturales de agua, el viento y los residuos fósiles como el carbón, el petróleo y el gas. Éstos últimos son los que han predominado desde el siglo XIX y hasta nuestros días, y entre ellos destaca el petróleo, ya que la gigantesca industria capitalista no sólo obtiene de él una gran fuente de combustible, sino que también obtiene de sus derivados la materia prima de toda clase de productos que nosotros utilizamos cotidianamente, como los plásticos.
El consumo de los combustibles derivados del petróleo genera partículas de bióxido de carbono (CO2), óxidos de azufre (SOx) y óxidos nitrosos (NOx), entre otras. Estas partículas, principalmente el CO2, son las causantes del llamado efecto invernadero.
El planeta Tierra, al igual que todos los organismos vivos, tiene un mecanismo de autorregulación que la mantiene en equilibrio. En el aire hay una cantidad muy específica de bióxido de carbono y de oxígeno que mantienen a la Tierra a una temperatura que permite el desarrollo de la vida. Los árboles contribuyen con ese equilibrio, absorbiendo las cantidades de CO2 que la Tierra no necesita y transformándolas en oxígeno, el CO2 restante mantiene en la atmósfera la cantidad de energía solar que se necesita para la vida, sin el CO2, la energía que llega sería reflejada rápidamente y “nuestro planeta sería demasiado frío como para ser habitable”. Así como el bióxido de carbono ayuda a mantener la temperatura de la Tierra, una cantidad cada vez mayor de éste deriva en un aumento excesivo de la temperatura terrestre, al no dejar escapar la energía solar hacia el espacio. A este fenómeno se le conoce como efecto invernadero. La alteración de este equilibrio del planeta es el llamado cambio climático.


III. Una perspectiva sombría

El calentamiento de la Tierra ha empezado a generar estragos, gran parte de las catástrofes afectan a sectores que no han podido ser absorbidos por el sistema. La situación de miseria obliga a la población que no puede asentarse en las ciudades a poblar las zonas aledañas a las mismas, que en un principio habían dejado para poder emplearse.
En esta nueva dinámica, en la que los factores que inicialmente atraían a grandes capas de trabajadores a las ciudades ahora se convierten en su principal fuente de expulsión —haciendo que, en el mejor de los casos, emigren hacia nuestro vecino del norte, sino es que antes la situación los lleva a robar a otros asalariados—, se generan grandes cinturones de miseria, en los que los trabajadores construyen sus viviendas en condiciones muy lamentables, expuestos a que el mínimo cambio de la tierra pueda terminar devastando sus viviendas y sus vidas. Por ejemplo,

Villahermosa está convertida en una isla, luego de que la madrugada de hoy se desbordó el río Grijalva, y sus aguas inundaron el primer cuadro de la capital […] La capital es como una olla, como Nueva Orleans […]. Estamos debajo de los niveles de los ríos.

El director del British Antarctic Survey, Chris Rapley, ya hizo notar a principios de 2005 que la calota glaciar de la Antártida Oeste estaba a punto de fundirse. Este territorio [del tamaño de Groenlandia] contiene suficiente agua para aumentar hasta siete metros el nivel del mar, lo que significaría a mediano plazo la inmersión de vastas extensiones de tierra habitada en Tailandia, India, Holanda, EEUU.

Hace ya más de 30 años que la comunidad científica se ha volcado sobre este problema, y más de 10 que es unánime sobre la constatación de la agravación del calentamiento de la Tierra, ligado a la contaminación industrial.

En el marco de esta preocupación, grandes sectores de la sociedad, incluyendo amplias capas de la burguesía —por ejemplo, el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore—, han mostrado gran preocupación por este problema.
Bajo este panorama, el 11 de diciembre de 1997 los países más industrializados se reúnen en la ciudad de Kioto para tratar de consensar medidas que hagan frente a esta problemática, encaminadas principalmente a reducir la emisión de gases de efecto invernadero. De esta reunión surge el Protocolo de Kioto (PK), que entró en vigor el 16 de febrero de 2005. Estados Unidos, como buen garante de los intereses de los principales sectores burgueses del mundo, se negó a firmar este tratado.
Es obvio que la producción capitalista, en el grado actual de desarrollo de las fuerzas productivas, necesita emitir este tipo de gases; firmar el PK implica bajar el ritmo de la producción y eso deriva en una caída de las ganancias, que ya de por sí han descendido por la crisis del sistema.
La situación es muy complicada, “desde comienzos de la industrialización, la concentración de CO2 en la atmósfera ha aumentado en 25%”. Esto ha provocado que la temperatura media del planeta “tan sólo en el siglo XX [haya aumentado] en 0.6 grados. Según el consejo asesor del gobierno alemán, los ecosistemas planetarios pueden llegar a tolerar un aumento medio de temperatura de dos grados centígrados respecto al nivel anterior a la Revolución Industrial. Más allá, se activarían consecuencias climáticas graves de impacto extendido”. “Para el siglo XXI se espera un aumento mínimo de 1.4 grados y máximo de cerca de cinco. Si no cambian las normas de producción y de consumo, la temperatura del planeta aumentará más allá de los grados soportables; este cambio debe darse antes de que los desequilibrios sean irreversibles.
El problema no es solamente de buena voluntad, ni de sembrar más árboles o pedirle al gobierno una explotación de la naturaleza más sustentable. El problema radica en un sistema social que lo mercantiliza todo; que quede claro que la finalidad de este sistema es la obtención de ganancias, no la satisfacción de las necesidades humanas. Por tanto, no se puede pensar bajo la lógica del capital en la sustentabilidad de la producción, en la medida en que no sea rentable, no importa que el planeta se esté quemando, la producción no se detiene. Un ejemplo muy claro es la negativa de Estados Unidos a firmar el PK.


IV. Comunismo o barbarie

Ante perspectivas tan desalentadoras, se nos presenta una disyuntiva: destruir el capitalismo y tratar de salvar la vida —del planeta—, o hundirnos en la barbarie, hasta terminar destruyéndonos a nosotros mismos junto con la biósfera terrestre.
Hoy más que nunca se vuelve imperiosa la necesidad de una revolución comunista; no hay marcha atrás, o revolucionamos o nos morimos en el intento. Es muy importante radicalizar nuestras acciones; tenemos que arrancar el cáncer (la sociedad capitalista) que invade nuestro cuerpo (el planeta), y de esa forma construir la asociación de productores libres.

Anjel




De sociedad consumista
a la destrucción del ambiente


El consumismo es la religión de la vida diaria contemporánea, es fetichista (de acuerdo con El Capital, de Marx), y por ende los recursos naturales son tratados en ella de modo consumista, sin pensar en el futuro: gaste ahora y pague después; destruya hoy y laméntelo mañana.
Sólo que ese mañana no llegará a vivirse, si se sigue el ritmo de vida actual, esa manera de vivir do-minada por el desperdicio, que contamina y es parte del mundo del cual todos formamos parte.
En la actual sociedad capitalista (lo que incluye a los países llamados “socialistas”), las relaciones en-tre los hombres se presentan como si fueran relaciones entre cosas, porque lo más importante en ellas es generar dinero. ¿Se puede esperar que en dichas relaciones se respeten otros valores, como los dere-chos y la vida de los niños y las mujeres que tal sistema explota y prostituye a diario? ¿O de los trabaja-dores no legalizados del mundo?
Si no se respeta la integridad humana, ¿se respetará la regeneración de recursos naturales que man-tienen la vida? ¿Cómo evitar mayor daño ambiental? ¿Y qué hay de las lluvias torrenciales que son más frecuentes? Reciclemos la basura y no la arrojemos a la calle; coloquemos las pilas en espacios especia-les, pero, ¿y la expoliación social y ambiental?
El abuso de los recursos y de las personas (en su fuerza de trabajo) ha provocado hambre, violencia y usurpación, como las padece la etnia lenca hondureña, población indígena rica en diversidad y recur-sos naturales, y como ocurre también en Chiapas, México.
De acuerdo con la ONU, 40 millones de personas en el mundo pertenecen a algún grupo autóctono, de los que 18 millones son niños y adolescentes. El Universal del 9 de agosto de 2007 dice que “el avan-ce de la pobreza en comunidades aborígenes se hace evidente en la provincia argentina de Chaco, don-de 11 indígenas murieron por desnutrición en el último mes”.
Incluso “los indígenas argentinos han anunciado la usurpación de sus territorios, como en la lucha que libran los mapuches contra el empresario italiano Luciano Benetton”.
Además, casos parecidos se presentan en Colombia y Ecuador, ya que grupos indígenas se enfrentan a empresas transnacionales que explotan crudo, gas natural y otros recursos en sus territorios, también ecosistemas ricos en diversidad.
Los grupos autóctonos cuidan su entorno, pues ahí viven, y aunque se alimentan de él, en términos generales preservan naturalmente la riqueza que allí se encuentra. En cambio, las empresas monopólicas sólo buscan la explotación sin medida de recursos que se agotan rápidamente, que conlleva la contami-nación del entorno del cual se extraen.
La búsqueda de la ganancia por encima de todo y de todos, es la herencia del capitalismo depreda-dor, que no da tregua bajo ningún concepto, ni propugna un lugar más humano, más justo y más equi-tativo donde vivir, ni permite la coexistencia con otras especies animales, a las que arrasa por su codicia desmedida.
La mayoría de la gente no lo entiende, no vislumbra que este mundo se está agotando, y continúa apoyando a regímenes bárbaros (imperialistas) como los de Estados Unidos, Francia, Alemania, Inglate-rra, Rusia, Japón, China y España, entre los más desarrollados, pero los países de economía emergente, como México, no están exentos de esa barbarie, y es de vital importancia reemplazar esos sistemas de gobierno por otros más justos.
Una de las razones por las cuales a las naciones más “prósperas” no les importa el impacto ecológico que conlleva el descongelamiento de las zonas polares, es que ello hará posible nuevas actividades eco-nómicas. Por ejemplo, el gran norte canadiense sufre de una transformación radical, en Iqaluit, Nuna-vut, las oficinas reemplazan a los iglúes, y los autos a los trineos jalados por perros.
Los países que poseen territorio en las zonas polares, como Estados Unidos, Dinamarca, Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, Sudáfrica, Chile y Argentina, se encuentran ávidos y a la expectativa del descongelamiento del Ártico y de la Antártida, que harán visibles sus riquezas y, por ende, su inmi-nente y absurda explotación.
El subsuelo del Ártico podría contener un cuarto de las reservas mundiales de hidrocarburos todavía no descubiertas, cuya explotación contribuiría a un deshielo mayor que el actual, aunque este planeta ya no soporte más desequilibrios en sus ciclos naturales.
Los países imperialistas no quieren contemplar la gravedad del asunto, lo importante es obtener más ganancia, aunque se pierdan vidas humanas y extingan especies de animales y plantas, rompiendo aún más nuestro frágil equilibrio ecológico.
Las sociedades capitalistas como la nuestra viven una falsa realidad que propician sus gobiernos, en la que por su afán de convertir esos recursos que aún no tienen en mercancía, son víctimas de un em-brujo que terminará por destruir una gran parte de nuestro planeta, un planeta que es nuestra casa.

Martín Arredondo




Escasez o mala distribución

El trabajo es la fuente de toda riqueza; es la condición básica y fundamental de toda la vida humana.
El trabajo es el motor de la vida del hombre, este produce todo lo material que existe, la modernidad, la tecnología, el desarrollo y nos apoyamos de el para además de cubrir nuestras necesidades básicas, también vivir de la manera a la que nos hemos adaptado, pero esta es una practica insostenible que no procura nuestra existencia futura; es mas amenaza y destruye cualquier forma de vida actual, la dominación de la naturaleza tiende a que no haya mas que dominar.
Gran parte que la contaminación nos afecte cada día mas se debe a que en algo tan sencillo como el que comemos, especialmente los productos animales, además de contribuir a una industria cruel se pone en riesgo nuestra salud. Con respecto al agua se dice que no será suficiente para que nuestros descendientes lleven la dieta occidental vigente.
El Instituto Internacional del Agua Stockholm, (SIWI ) menciona “la creciente demanda de carne y productos lácteos es insostenible pues los animales necesitan mucho mas agua que granos para producir la misma cantidad de comida que alcanzaría para alimentar a mas gente”, sin embargo los empresarios opinan: “Si la gente quiere comer carne barata el planeta y los animales tendrán que pagar por ello”. Comentario hecho por relaciones publicas de Mc.Donald's Inc.

El consejo para la alimentación mundial de las naciones unidas ha calculado que dedicar a alimentación humana el 10 y 15% del grano que se destina al ganado bastaría para llevar las raciones al nivel calórico adecuado erradicando el hambre.

Con la cantidad de cereal y soja empleada para alimentar a los animales cuya carne consumirá una persona podrían nutrirse veinte personas. “La cantidad de tierra dedicada a cultivar todo lo que sirve de alimento al consumo humano en Estados Unidos es de 24 millones de hectáreas, la cantidad de tierra de tierra dedicada a cultivar todo lo que se le da de comer al ganado es de 480 millones de hectáreas”.

Es como nuevas propuestas se debaten en las organizaciones de alimentos y nutrición, los datos sumamente reales contribuyen a que no es sostenible este consumo de productos derivados de al ganadería industrial. La solución no esta en alimentar con animales a quienes padecen hambre sino en liberar tierras de cultivo y enseñar a las comunidades a rotar las siembras y a combinar los alimentos de manera balanceada. Los subsidios que dan a la industria carnica se podrían usar para desarrollar programas de riego en zonas de sequía, reforestación, investigación , etc.

Los problemas derivados son físicos, ambientales y hasta morales, los animales no humanos en este sistema económico se consideran como recursos vulnerando sus intereses y su condición de vida. Así como el que comemos no es sustentable, podríamos entonces preguntarnos que vestimos, que usamos, porque finalmente la contaminación no es consecuencia única de las fabricas, de las empresas, de algún país o del gobierno no asi estan exentos, sino de millones de actividades que se desarrollan diariamente en el cual tu formas parte, es cuando el trabajo, se hace un fin sin saber para que nos sirve y como nos afecta.

Por Rocío




Crisis de la humanidad: destrucción de la naturaleza

El desarrollo de la producción ha demostrado cabalmente, a estas alturas,
su verdadera naturaleza como realización de la economía política: el desarrollo de la miseria,
que ha invadido y arruinado el medio mismo de la vida.

Guy Debord

La transformación de la riqueza material y de las condiciones existentes que la naturaleza provee, ha sido el motor principal que ha impulsado al hombre a lo largo de su historia, permitiendo su evolución, ya que cuando trasforma las condiciones de existencia que lo rodean se transforma a sí mismo.
Las necesidades del hombre lo han llevado al uso de los recursos naturales y a la modificación de la naturaleza misma, lo que ha generado efectos sobre el ciclo de reproducción natural del hábitat (aun cuando el hombre no era consciente de los efectos que su intromisión generaría sobre las condiciones naturales, hasta antes del capitalismo no se habían manifestado la destrucción y degradación global del medio ambiente). Sin embargo, la forma en la que los seres humanos han intervenido a lo largo de la historia, según su época, sobre la naturaleza, ha sido hasta cierto punto armónica, es decir, no se había roto el equilibrio natural de manera global: es verdad que los antiguos griegos talaron los bosques y destruyeron la capa de suelo fértil en gran parte de su territorio; el apetito voraz del Imperio Romano acabó por asolar los recursos de gran parte de África del Norte, mientras que ciertas especies de grandes animales usados como bestias de pelea en los circos se redujeron hasta casi desaparecer, y Lori E. Wright argumenta que la gran crisis ecológica fue un factor determinante del colapso de la civilización clásica Maya. Sin embargo la humanidad en sí no había rebasado los límites de sustentación del hábitat; las comunidades en general poseían mecanismos de regulación de los efectos que tenía su trabajo sobre la naturaleza. Así, cada sociedad, determinada por su forma de producción, había delimitado un tipo de relación hombre-naturaleza que conservaba esa relación armónica.
Sin embargo, bajo el dominio del modo de producción capitalista se establece de manera formal una relación hombre-naturaleza muy específica, en donde el trabajo también adopta una especificidad histórica, que es el trabajo enajenado; así, en la producción y reproducción de sus condiciones de vida, el hombre no es consciente de la relación vital que existe entre él y la naturaleza, atentando sin saberlo en contra de sí mismo. En Marx encontramos que

La vida genérica, tanto del hombre como en el animal, consiste físicamente, de una parte, en que el hombre (como el animal) vive de la naturaleza inorgánica, y cuanto más universal sea el hombre, como el animal, tanto más será el campo de la naturaleza inorgánica de la que vive. Del mismo modo que las plantas, los animales, los minerales, el aire, la luz, etc., son, teóricamente, una parte de la conciencia humana, en parte como objetos de la ciencia natural y en parte como objetos del arte […], constituyen también, prácticamente, una parte de la vida y la actividad del hombre. La universalidad del hombre se revela de un modo práctico precisamente en la universalidad que hace de toda la naturaleza su cuerpo inorgánico, en cuanto es 1) un medio directo de vida, como 2) la materia, el objeto y el instrumento de su actividad vital. La naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre; es decir, la naturaleza en cuanto no es el mismo cuerpo humano. Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el que debe mantenerse en un proceso constante, para no morir. La afirmación de que la vida física y espiritual del hombre se halla entroncada con la naturaleza no tiene más sentido que el que la naturaleza se halla entroncada consigo misma, ya que el hombre es parte de la naturaleza. El trabajo enajenado, 1) por cuanto enajena al hombre la naturaleza, y 2) porque se enajena a sí mismo, su propia función activa, la actividad vital.

Al delimitar la propiedad privada de la riqueza material natural a las leyes del movimiento de la acumulación, la naturaleza se somete a la explotación, destrucción y degradación en el proceso de producción, como una mercancía más. Con esto el hombre ahora no sólo extrae de la naturaleza ciertos elementos para producir objetos necesarios para su vida, sino que el trabajo esta encaminado exclusivamente a la producción de mercancías con el objetivo de lograr su realización, para poder obtener las ganancias tan esperadas por los “grandes hombres de negocios”. Esta lógica ha provocado que el planeta entero haya sufrido transformaciones realmente radicales, de modo que han sido los ciclos antrópicos los que han provocado que la situación sea tan alarmante, dado:

* El calentamiento global (causado principalmente por las emisiones de gases de efecto invernadero como el CO2, principalmente generadas por la industria y los automóviles); este fenómeno contribuye a los cambios violentos en el clima; los glaciares del mundo se están derritiendo y los casquetes polares se adelgazan y encogen generando un aumento del nivel de los mares, la inundación de zonas costeras se ha evidenciado; se han estado perdiendo tierras agrícolas fértiles por la erosión.
* El adelgazamiento de la capa de ozono que protege la tierra contra la peligrosa irradiación ultravioleta; el daño causado a los bosques y sistemas de agua dulce por el agua ácida, la contaminación del aire y al agua, las montañas de desechos sólidos generados por las grandes ciudades y el creciente ritmo de desaparición de las especies.
En estos tiempos sería casi imposible deslindar los ciclos naturales de los efectos de la práctica social. Así, la alta producción de gases tóxicos, contaminación del agua, destrucción de los diversos ecosistemas y especies, la aparición cada vez más recurrente de huracanes, sequías crónicas e inundaciones que se comen a ciudades enteras, entre tantas otras deformaciones que aquejan al planeta, son el resultado de la lógica de producción y consumo que la sociedad ha llevado acabo desde ya hace varios siglos, que han roto con el ciclo natural de reproducción de la naturaleza, atentando directamente contra la misma existencia de la especie humana.
Ante esta realidad han surgido diversos movimientos sociales en contra de la destrucción del medio ambiente, proponiendo soluciones y realizando ciertas actividades para contribuir a solucionar uno de los tantos problemas que aqueja a la humanidad (limitadas o no se han expresado). El punto más importante a discutir sería: ¿Cómo se están planteando las distintas organizaciones combatir en contra de la degradación del medio ambiente?, porque es innegable que los brotes de inconformidad a nivel mundial están presentes, pero ¿hacia a donde va su lucha?; ¿se puede realmente avanzar en ese aspecto de la lucha política bajo las actuales condiciones de producción?
La importancia de discutir sobre este tema se fundamenta en que la dominación del capital en todos los aspectos de la vida de los hombres es total, así de nuevo aparece la necesidad y la posibilidad de la transformación radical del sistema capitalista.

Pitufare




Notas para la comprensión del movimiento ecologista

Es 1991. La guerra del Golfo Pérsico ha terminado, pero las tropas iraquíes en su retirada han incendiado cientos de pozos petroleros Kuwuaities; la nube negra que dejan tras de si cubrirá Kuwait, buen aparte parte de Irak, Irán y Arabia saudita durante meses y algunos hablan que por años, tiempo suficiente para que la temperatura de la región descienda entre 10 y 15 grados por efecto de la nube toxica; por el momento el alumbrado público permanece funcionando las 24 horas del día, los automóviles circulan con las luces encendidas debido a la escasa visibilidad, y el alto contenido de azufre del petróleo kuwaití hace peligroso que ancianos y personas con afecciones respiratorias salgan a la calle. Serán necesarios casi dos años para apagar los cerca de 500 pozos de petróleo que están ardiendo.

La catástrofe en el Golfo Pérsico desata una ola de especulación sobre el efecto que tienen las emisiones de óxidos nitrosos, dióxido de carbono e hidrocarburos en el clima del planeta; a la vuelta de unas décadas los efectos de las potentes emisiones de gases contaminantes producidas por la “civilización moderna” se han materializado: inundaciones masivas, sequías y hambrunas se suceden cada vez a una escala mayor, afectando por igual a países desarrollados y a países pobres, como lo demuestran los desastres ocurridos a los países que bordean el océano Índico en 2004, la ciudad de Nueva Orleáns en 2005 y recientemente a los estados de Tabasco, Veracruz y Chiapas.

La contaminación, como otros muchos aspectos de la descomposición capitalista, crean sentimientos de impotencia y angustia en la población, lo que ha llevado a que se incrementen las campañas y la fuerza de las organizaciones ecologistas y a un fortalecimiento del movimiento ecologista mundial. Conviene entonces revisar las posiciones y características del movimiento ecologista.

En primer lugar resulta algo arbitrario hablar del movimiento ecologista , puesto que su composición es muy diversa y sus expresiones varían mucho de un país a otro y entre las diferentes culturas; sus diferentes expresiones van desde los movimientos en pro de la conservación de la naturaleza, incluyendo a las movilizaciones de comunidades en defensa de su entorno, hasta la llamada política verde, organizada alrededor de los partidos políticos y su acción parlamentaria, pasando por el llamado ecologismo radical en el que destacan: las acciones de desobediencia civil, el ecofeminismo y el ecosabotaje, este ultimo dirigido principalmente hacia la construcción de presas, la tala inmoderada y la experimentación en animales. Mención aparte merece la organización ecologista Greenpeace, cuyo numero de miembros y cantidad de ingresos la convierten en la organización ecologista mas grande del mundo, movidos por un sentimiento de urgencia ante la desaparición de la vida en el planeta, y una actitud pragmática se centran en la organización de campañas con objetivos específicos acompañadas de acciones espectaculares destinadas a atraer la atención de los medios de comunicación.

A pesar de las variadas manifestaciones que este movimiento tiene, podemos identificar dos rasgos característicos comunes a todas sus manifestaciones que pueden ayudarnos a valorar su potencial transformador.

1) La solidaridad intergeneracional inherente al movimiento, fundamentada en la noción de que alterar el equilibrio básico del planeta puede con el tiempo destruir el delicado sistema que regula la vida en la tierra, con consecuencias catastróficas para las generaciones futuras, noción donde incluso la idea de limitar el uso de los recursos a los de carácter renovable está revestido de un compromiso con las próximas generaciones de habitantes del planeta.

2) Al hacer frente a temas que no pueden resolverse nación por nación, propugna por una solución a nivel global del los problemas ecológicos; el principal enemigo del movimiento ecologista es el nacionalismo estatal; el Estado Nación por definición está destinado a afirmar su poder sobre un territorio determinado, por lo tanto rompe la unidad de la humanidad, así como la interrelación natural de los territorios.

Por último una característica propia del ecologismo es la de ser un movimiento basado en la ciencia. Aunque a veces no sea una ciencia muy rigurosa, no obstante pretende conocer cuales son los efectos de la contaminación en los seres humanos y el medio ambiente, revelando en el proceso los intereses ocultos creados por el capitalismo y la gran burguesía industrial.

El carácter internacional de su lucha y la solidaridad con las generaciones futuras contribuyen a crear una conciencia de que los problemas del medio ambiente requieren una transformación del los modos de producción y de consumo. El peligro creciente que representa la catástrofe ecológica, en lugar de crear sentimientos de impotencia y fatalismo, pueden llevar a una mayor reflexión política sobre la urgente necesidad de la transformación del sistema.

La toma de conciencia sobre la gravedad de los problemas ecológicos actuales desempeñara un buen cometido en la transición entre una lucha proletaria defensiva a nivel económico y el combate político consiente contra el capital en su conjunto.

Karski




Ciencia, tecnología, sustentabilidad y crisis ecológica

[La] sociedad burguesa moderna, que ha hecho surgir como por encanto, tan potentes medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros.
Carlos Marx, Manifiesto comunista.

Las consecuencias de la crisis ecológica que aqueja a la Tierra son cada vez más evidentes al mismo tiempo que alarmantes. La contaminación del aire y del agua, los daños a la capa de ozono, la degradación de los suelos, la deforestación de bosques y selvas, el agotamiento de los recursos naturales, la desaparición de miles de especies de flora y fauna, el calentamiento global y el cambio climático con todos los desordenes ecológicos que trae aparejados (inundaciones y sequías de proporciones apocalípticas y descontrol en la temperatura del planeta), son fenómenos que amenazan con volver a la Tierra un lugar inhabitable, lo cual pone en riesgo la viabilidad de la humanidad misma.
Este acuciante condicionamiento ha puesto en el centro del debate la problemática de la crisis medioambiental que hoy en día es abordada no sólo por los académicos y los científicos especializados en el tema, sino, cada vez más, por las personas comunes y corrientes, las ONG, los movimientos sociales, los gobiernos, las personalidades, los hombres de negocios, etcétera que son de una u otra forma afectados, individual o colectivamente, por esa crisis.
De este debate han surgido dos posiciones que me parece entorpecen la posibilidad de encontrar al problema una solución real a la vez que integral. Por una parte está la primera de esas posiciones, a la que denominaré ecologismo, cuya visión ecocéntrica parece exigir nada menos que el rechazo de la modernidad misma; por otra parte se encuentra lo que llamaré el siempre ilusorio reformismo del capital, que pretende que el desarrollo capitalista sea sustentable, es decir, que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer las necesidades de futuras generaciones. Ninguna de estas dos posiciones toma en cuenta de manera apropiada la relación que existe entre el hombre y la naturaleza enmarcada en el contexto del modo de producción capitalista, lo que constituye la base para entender la crisis ecológica. Dicho de otra manera ninguna de las dos posiciones aborda la problemática ecológica en relación con la dinámica de acumulación del capitalismo.
Pero antes de ajustar cuentas con el ecologismo y el reformismo capitalista es necesario hacer un par de consideraciones:

1. La relación hombre-naturaleza está mediada por la producción y más directamente por las herramientas que han permitido a la humanidad la transformación consciente y universal de la naturaleza.
2. La producción, entendida dialécticamente, implica relaciones de producción, que en el capitalismo suponen explotación y expropiación de trabajo ajeno, así como opresión y deterioro progresivo de las condiciones de vida de la mayoría de la población vinculadas inextricablemente a la destrucción del medio ambiente.


Ecologismo. ¿La lucha contra la ciencia y la tecnología o la lucha contra el capitalismo?

El ecologismo pretende hacer que sean la ciencia y la tecnología quienes expíen las culpas del capitalismo, de manera simplista y unilateral funda en éstas las causas de la crisis ecológica, cuando en realidad es producto de la organización defectuosa de la producción social.
Se supone que la ciencia y la tecnología liberan a la humanidad de la alienación a la naturaleza; en este sentido, la humanidad se libera del trabajo duro y embrutecedor, al mismo tiempo que su vida se hace más fácil y más segura. Sin embargo, la ciencia y la tecnología, en el marco del capitalismo, se han convertido en medios de represión y alienación, no de emancipación, como pretende el pensamiento ilustrado (por ejemplo, la tecnología en general eleva la explotación del trabajo y las tasas de utilidad y acumulación del capital y muchas tecnologías en particular atentan gravemente contra el medio ambiente). Pero ¿esto significa acaso que todos los aspectos de la ciencia y la tecnología son nocivos? No, la verdad es que la ciencia y la tecnología son menos culpables del desastre ecológico que la forma en que el capital las usa. Es evidente, pues, que existe una fuerte correlación entre la crisis ecológica y la forma de utilización capitalista de la ciencia y la tecnología. Siguiendo este razonamiento, la lucha contra las tecnologías indeseables y nocivas para la humanidad y la ecología y su sustitución por tecnologías que mejoren la vida del hombre y respondan a sus necesidades reales sin alterar el espacio en que se desarrolla (su casa, la Tierra) dependen de la lucha en contra de relaciones de producción degradantes y enajenantes propias del modo de producción capitalista, de la lucha contra el capitalismo. Esto es así porque sólo la organización de la producción social por parte de los trabajadores, es decir, el control y la planeación democrática de la producción, hará posible el desarrollo de una ciencia y tecnologías libres de los vicios del capital.


Reformismo ¿El capitalismo puede ser sustentable?

La gravedad del problema de la crisis ecológica ha hecho que se organicen, cada vez más, encuentros internacionales donde gobiernos y dirigentes de grandes corporaciones expresan su preocupación por el futuro del planeta. De estos foros ha surgido el término sustentabilidad como una de las respuestas viables a la crisis ecológica, lo cierto es que sustentabilidad es un término bastante ambiguo, que puede significar varias cosas, por ejemplo mantener o sostener algo, conservar en el estado del ser. Entonces ¿de qué se habla cuando se expresa la necesidad de un capitalismo sustentable? La sustentabilidad puede discutirse en términos puramente económicos, pero también en términos ecológicos. La sustentabilidad económica del capitalismo, la cual supone un capitalismo en expansión, depende de la acumulación y de la tasa de ganancia, si la tasa de ganancia es negativa, la sustentabilidad está en crisis. El capitalismo, dice Marx, tiene que acumular o morir. Para el capitalismo cualquier cosa o persona que interfiera con las ganancias, la inversión y la expansión del mercado representa una amenaza a la sustentabilidad del sistema. La cuestión es que una de esas cosas que se oponen a la sustentabilidad del sistema es precisamente el ambiente, las condiciones naturales o externas de producción. Hasta ahora se han utilizado esas condiciones naturales de producción como si se produjesen como mercancías, pero, la naturaleza no se produce de acuerdo a las leyes del mercado. Esta restricción pone en jaque al capital y la pregunta es: ¿Es posible un capitalismo ecológicamente sustentable? La respuesta es no, hasta ahora ante la amenaza inminente a la sustentabilidad del sistema los Estados y el capital han tratado de racionalizar el acceso a las condiciones naturales de producción, por supuesto, sin ponerse mucho de acuerdo. La verdad es que no existe ninguna razón para esperar que el capital organice la producción de modo que sea ecológicamente sustentable, eso atentaría contra la lógica del sistema mismo, obstaculizaría la acumulación y la expansión, entonces, no tendría otra vía que la muerte.

Dr. Rouge

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Ciclo de conferencias: Elementos fundamentales para la Crítica de la Economía política.

1857-1858 / 2007-2008
A 150 años de la redacción de los Grundrisse de Karl Marx

En memoria de Karel Kosík


Marx escribe los Grundrisse —poco antes de cumplir cuarenta años— con la finalidad de plasmar los resultados de quince años de investigación (1842-1857) y definir el plan de su crítica de la economía política, la obra a la que consagrará sus principales esfuerzos durante los siguientes 26 años de su vida.

Se trata del plan de seis libros que anuncia en el prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política de 1859, el primero de los cuales comprende el conjunto de la obra El capital que hoy conocemos y el último es el dedicado al mercado mundial, de virulenta actualidad en la globalización capitalista salvaje que estamos viviendo.

Aquellos seis libros constituyen la primera parte del ambicioso proyecto de crítica global de la sociedad burguesa que el autor traza en sus Manuscritos de París de 1844.

Los Grundrisse son el laboratorio en el que Marx establece las tesis conclusivas de su crítica de la economía política y de su concepción materialista de la historia y el proceso de pensamiento a través del cual llega a ellas, así como sus consecuencias próximas y lejanas. De ahí que aquí encontremos, como en ninguna otra parte, el significado pleno de conceptos decisivos como dinero, plusvalor, fuerza de trabajo, propiedad de la tierra, capital, fuerzas productivas…

Nunca ha sido tan profunda la reflexión en torno a la economía de una sociedad, sobre el capitalismo, el precapitalismo y el futuro poscapitalista; sobre las relaciones personales, el consumo, la política, la cultura y, en fin, sobre toda la moderna civilización burguesa.

Hoy, cuando el mercado mundial capitalista industrial se ha realizado, se revela en toda su plenitud la profundidad económica, histórica, filosófica, antropológica, dialéctica, política, sociológica, psicológica y epistemológica de este fascinante manuscrito de Marx.
Editorial Itaca



Programa


PRESENTACIÓN
David Moreno

AUTOMATIZACIÓN TECNOLÓGICA,COMUNICACIÓN, CONSUMO Y MODERNIDAD CAPITALISTA
Jorge Veraza
Miércoles 14 de noviembre de 17 a 20 horas
Facultad de Economía
Auditorio Ho Chi Minh


ESENCIA Y APARIENCIA EN EL CAPITALISMO CONTEMPORÁNEO
Luis Arizmendi
Stefan Gandler
Modera Jaime Ortega
Jueves 15 de noviembre de 11 a 14 horas
Facultad Filosofía y Letras
Sala del Consejo Técnico

MÉTODO Y PLANES DE LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA Andrés Barreda
Jueves 15 de noviembre de 17 a 19 horas
Facultad de Economía
Auditorio Ho Chi Minh


CRISIS Y MÉTODO EN LA CRÍTICA DE LA ECONOMÍA POLÍTICA
José Gandarilla
Abelardo Mariña
Modera Nashelly Ocampo
Miércoles 21 de noviembre de 11 a 14 horas
Facultad de Economía
Aula Magna

FETICHISMO Y POLÍTICA EN LOS GRUNDRISSE
Gerardo Ávalos
Enrique Dussel
Modera Gonzalo Flores
Jueves 22 de noviembre de 17 a 20 horas
Facultad de Economía
Aula Magna

VALOR, RIQUEZA Y POLÍTICA EN LOS GRUNDRISSE
Ana María Rivadeo
Rhina Roux
Modera Arturo Ávila
Miércoles 28 de noviembre de 11 a 14 horas
Facultad de Economía
Auditorio Ho Chi Minh

LA RELACIÓN CAMPO-CIUDAD EN EL CAPITALISMO GLOBALIZADO
Armando Bartra
Jorge Gasca
Modera Octavio Rosas Landa
Miércoles 5 de diciembre de 11 a 14 horas
Facultad de Economía
Aula Magna

MERCADO MUNDIAL, CRISIS Y REVOLUCIÓN
Edur Velasco
Jorge Veraza
Modera Ana Alicia Peña
Miércoles 5 de diciembre de 17 a 20 horas
Facultad de Economía
Auditorio